Aunque la fotografÃa tuvo un temprano interés por el registro de los acontecimientos, sólo cuando confluyó su existencia con el desarrollo de los procedimientos de impresión y con las máquinas apropiadas para las grandes tiradas, fue posible la aparición de la fotografÃa de prensa. Pero también se necesitó el surgimiento de la estructura que soportase y distribuyese la producción fotográfica al medio o medios encargados de su publicación.Un caso evidente de la necesidad de una organización de este tipo es el de Mathew B. Brady, quien, en 1861, formó un importante equipo de fotógrafos con el objeto de fotografiar la Guerra de Secesión americana desde ambos bandos, consiguiendo un archivo de más de 7.000 negativos. Pero como la infraestructura necesaria para una distribución conveniente de las imágenes que, simultáneamente, asegurara la cobertura económica de su producción, todavÃa no estaba a punto, el resultado fue un completo fracaso económico. La fotografÃa no estaba preparada todavÃa para un consumo demasiado generalizado de las imágenes; éstas requerÃan ser vistas en la intimidad. Esta infraestructura necesaria serÃa la agencia periodÃstica de fotografÃas -Ãntimamente relacionada con la agencia de noticias, hasta el punto de que en muchos casos, una y otra coincidÃan. George Grantham Bain fundó varias a partir de 1898, entre las que cabe citar la famosa Montauk Photo Concern.Es la agencia fotográfica lo que constituye la base del periodista gráfico moderno, del “free lancer” o fotógrafo de prensa independiente, dotado de unas capacidades y de unas exigencias rara vez compatibles con su adscripción a un determinado medio. Precisamente, la creación de la agencia Magnum por Robert Capa, David Seymour “Chim”, George Rodger y Henri Cartier-Bresson en 1947, tenÃa por objeto que el fotógrafo pudiera controlar su propia producción, tanto en cuanto a su distribución como en cuanto al respeto de sus exigencias estéticas por parte de la empresa editora, viéndose además libre de las tareas burocráticas y de excesivas preocupaciones financieras.Si un elemento a considerar es el de las agencias, otro es el de la relación entre la tecnologÃa fotográfica y la prensa:
A pesar de que la empresa periodÃstica tuviera las caracterÃsticas que la hacÃan adecuada para la recepción de fotografÃas desde el final del siglo pasado, dando origen a la fotografÃa de prensa, este nuevo sistema de producción de imágenes tardó en ser aceptado por el público, puesto que la industria fotográfica no poseÃa aún la tecnologÃa idónea para el desarrollo completo de la profesión.
Sabemos que los materiales sensibles eran demasiado lentos, y las máquinas fotográficas demasiado voluminosas y difÃciles de manejar, como para que los pioneros del fotoperiodismo pudiesen ir más allá del mero registro de unas imágenes que acompañaran e ilustraran el texto a que hacÃan referencia. La preparación de las fotografÃas por parte de estos primeros fotógrafos que publicaban en los periódicos era una tarea nada sencilla: acarreando las pesadas cámaras junto con los trÃpodes, su actuación debÃa ser similar a la de los fotógrafos de gabinete, puesto que los materiales de que disponÃan eran los mismos, con el inconveniente adicional que suponÃa estar fuera del estudio, teniendo que adaptarse, por tanto, a las peculiaridades de cada lugar. La fotografÃa de prensa, dirigida hacia los hechos y personajes que pudieran ser noticia y hacia todo lo conocido, orientó de manera natural sus cámaras hacia los lÃderes polÃticos y las figuras públicas del arte, de la ciencia o del espectáculo.
Efectivamente, las primeras fotografÃas, excepto aquellas que estaban destinadas simplemente a la ilustración, sin relación alguna con las noticias o con los personajes de actualidad, eran, generalmente, retratos de personalidades; en palabras de Susan Sontag[1]: “Fotografiar es conferir importancia” y, lógicamente, los primeros en aprovecharse de este nuevo medio fueron aquellos que ya gozaban de tal notoriedad. Pero estos primeros retratos se debÃan hacer con pleno consentimiento, ya que el tiempo necesario para que la pelÃcula se expusiese correctamente, obligaba a hacer posar a los fotografiados durante varios segundos, en ocasiones más de un minuto, con los inconvenientes que esto supone. Las situaciones de baja luminosidad, como los interiores o los momentos del dÃa o del año en que la luz del sol no era lo bastante fuerte para que la pelÃcula se expusiese, estuvieron vedados a la información fotográfica hasta el año 1887. A partir de esta fecha, cuando la situación requerÃa el empleo de luz adicional, el destello del flash de magnesio se encargaba de proporcionar una iluminación relativamente suave y uniforme. Desde entonces, las llamas fotogénicas se hicieron muy populares y el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americana decÃa asà en su edición de 1891:
“La fotogenia ha adquirido gran importancia, y ha tomado nuevo carácter desde que se ha conseguido hacer instantánea la reproducción. En efecto, no se trata ya de tener una luz constante con propiedades quÃmicas suficientes para grabar la imagen en la placa, sino de producir una llama casi instantánea con estas propiedades. Se han ensayado muchas llamas fotogénicas: una es la producida por la combustión de la siguiente mezcla: 24 partes de nitrato de potasa, 7 de azufre y de 3 a 6 de sulfuro rojo de arsénico”
Pero el destello del magnesio también llenaba los salones de un humo denso, tóxico y sucio que manchaba los rostros y las ropas de los que allà se encontraban, provocando su natural descontento. Asà explicaba Ramón y Cajal, en 1921, uno de los dudosos privilegios del hombre célebre:
“A toda hora, y aunque apremien las ocupaciones recibirá con agrado a los `fotógrafos de magnesio’ (FotografÃas duras, con perspectiva falseada, con ojos asustados de las “revistas gráficas”); y se considerará extremadamente honrado al contemplarse, dÃas después, hecho un adefesio, en compañÃa de cupletistas, maletas o estafadores. Item más; deberá quedar encantado de las leyendas, casi siempre absurdas, escritas al pie de los fotograbados”
El caso es que desde los años veinte, la imagen fotográfica adquiere una potencia considerable, y su impacto social se ve multiplicado por el periódico, pues éste ofrece una variedad de fotografÃas, continuamente renovadas, destinadas a un público mucho más extenso que la clientela habitual del original: a partir de entonces, el periódico transforma verdaderamente la fotografÃa en un medio de masas. Por otro lado, al final de los años 20 la prensa conoció en Alemania un desarrollo importante. Hasta ese momento, los periódicos reproducÃan sólo imágenes aisladas para acompañar a un texto, pero a partir de entonces, se propuso una sucesión de imágenes que tratasen no sólo de las personalidades, sino que iban a narrar la historia de los lectores anónimos.
Es en este contexto donde se debe situar el nacimiento del paso universal, 24×36 ó 35 milÃmetros. Fueron las nuevas orientaciones hacia el reportaje, entre otras razones, las que estimularon las investigaciones para la puesta a punto de máquinas de calidad de pequeño formato. El mayor obstáculo consistÃa en escoger una emulsión capaz de dar buenas pruebas a partir de negativos tan exiguos: este obstáculo fue superado gracias al prodigioso desarrollo de la industria del cine, que financió unas investigaciones (fabricación de films, preparación de emulsiones, procedimientos de revelado, prácticas de tiraje…) que las necesidades de los fotógrafos no hubieran hecho suficientemente rentables.
Estas nuevas emulsiones, tipo Supersensitive Panchro, de gran sensibilidad, permitieron que la pelÃcula cinematográfica, pero con el doble del formato, 24×36, adoptada por Oskar Barnack en Alemania para su Leica, se introdujera en sociedad. De cualquier manera, como ha venido ocurriendo, generalmente, a lo largo de la historia, la incorporación a la escena tecnológica de un nuevo sistema de trabajo, fue causa del recelo y la desconfianza de aquellos que estaban acostumbrados a los viejos sistemas; Ivins[2] al referirse a la supremacÃa del fotograbado sobre los modos manuales, caracteriza este fenómeno diciendo:
“Los partidarios de las antiguas técnicas tradicionales, al perder la batalla por la supremacÃa, se consolaron implantando una idea que ha influido durante largo tiempo no sólo en los crÃticos sino sobre el público en general: por alguna razón no muy clara, los antiguos procedimientos eran intrÃnsecamente más artÃsticos que los nuevos”.
No debe extrañar que los primeros usuarios de estas cámaras tuvieran dificultades para convencer a los jefes de departamento de la mayorÃa de las publicaciones de que el trabajo, con este tipo de materiales, se realizaba de manera más cómoda y sencilla y que las imágenes resultantes eran más vivas y espontáneas, cautivando de inmediato al público lector. Fue precisamente durante la Guerra Civil de España, y durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la Leica demostró que era el instrumento ideal para el trabajo del reportero gráfico, configurando además la estética de la moderna fotografÃa de prensa. No cabe duda que la guerra Civil sirvió a un tiempo como banco de pruebas y como reafirmación de la cámara pequeña, pues con dicha cámara (y no siempre se habla de la Leica) fueron enviados a esta guerra fotógrafos pertenecientes a diferentes medios de comunicación, como son las revistas soviéticas Smena y Ognek, la alemana Berliner Illustrierte Zeitung de Leipzig; L’Ilustration de ParÃs, The Illustrated London News y L’Illustrazione Italiana de Milán, asà como los periódicos españoles Ahora, Mundo Gráfico, ABC, El Alcázar, y otros muchos.
